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Periodismo Ciudadano

Los periodistas ciudadanos no son una amenaza

REPORTAJE | El Periodismo Ciudadano se trata de un fenómeno que lleva existiendo mucho tiempo y está para quedarse. Con el avance de la tecnología y la consiguiente democratización de la información, las redes sociales y los dispositivos móviles lo han propulsado, permitiendo que la difusión de contenido informativo esté al alcance de todos, tanto como receptores como creadores de contenido.

Su auge también ha venido acompañado de dificultades. La rama profesional del Periodismo lo ha percibido en ocasiones como una amenaza que fomenta la intoxicación informativa y los beneficios propios.

Hoy en día, sigue siendo un tema controvertido. Jairo Vargas Martín, redactor y fotoperiodista de la sección de Sociedad del diario Público, admite que gran parte de las cosas que se plantearon en lo que él considera el inicio del reporterismo ciudadano se han ido cumpliendo, tanto los puntos positivos como los más problemáticos.

Entre los riesgos se nombran una mayor proliferación de noticias falsas y el desprestigio laboral. Los beneficios son la involucración de los ciudadanos en sucesos a los que los periodistas no siempre pueden llegar y una pluralidad de voces de los sectores más silenciados de la sociedad.

Jairo Vargas Martín habla de los beneficios de la ciberdemocracia

¿Quién merece ser periodista?

Mucha de la polémica se encuentra en su propio origen etimológico, donde se le califica de «periodismo». Aquí se entra en un debate entre quién es realmente periodista y quién no, haciendo que muchos pequen de considerarlo intrusismo laboral. Elena Cabrera, periodista de Sociedad en ElDiario.es, considera que el Periodismo Ciudadano merece denominarse Periodismo. No cree en absoluto que la carrera sea suficiente para denominarse periodista y afirma que ella aprendió casi todo fuera de la carrera. Jairo encuentra una mayor importancia en la licenciatura, aunque no niega que la carrera solo sienta unas bases que luego se desarrollan verdaderamente trabajando.

Dichas normas deontológicas, que caracterizan al periodismo, no son difíciles de aprender para aquellos a los que les puede interesar. En ocasiones, el elitismo periodístico hace que olvidemos que un periodista puede venir de cualquier sitio y que el periodismo debería alzar las voces que a veces no queremos escuchar.

Elena Cabrera sobre denominarlo «periodismo»

Elena Cabrera defiende vehementemente que la carrera no es necesaria para ser un buen periodista y saber contar historias. Se niega a denominarlo intrusismo. A la hora de leer una buena información, con su contexto y su tratamiento, es imposible descifrar si el autor está licenciado o aprendió por su cuenta.

Valga decir que las redacciones no solo están llenas de licenciados en la materia. Los periodistas alaban a grandes profesionales y compañeros de profesión que no tienen el grado. Aitor Riveiro, periodista especializado en Política, no duda en mencionar a su jefe en ElDiario.es, Ignacio Escolar, que no terminó la carrera; mientras que Jairo Vargas Martín habla de numerosos compañeros, tan capaces o más que otros que tienen el título.

Las voces paralelas a la industria

Riveiro afirma que se puede hacer verdadero periodismo ciudadano al margen de empresas periodísticas y de grupos de comunicación. Por otro lado, duda en si eso cuenta con el rigor periodístico necesario para denominarlo periodismo. Vargas Martín establece que «el filtro del periodista, del profesional de la información, es algo que no se puede ni se debe limitar o eliminar». Es innegable que solo puede denominarse periodismo a aquello que sigue las normas deontológicas de profesionalidad, aunque no se establezcan solo en el grado superior. Es también obvio que estas mismas normas escasean en algunos medios de comunicación.

Por otro lado, el periodista de Público añade que «no hay intrusismo, solo malas prácticas». Mientras, Aitor corrobora que la intoxicación informativa que se le suele atribuir a los periodistas ciudadanos también existe en reconocidos medios. Cabrera alaba la labor que hacen ciudadanos de a pie. Resalta el trabajo de uno en particular: Stéphane Grueso, quien durante el contexto del 15M, salía a informar con su cámara. A día de hoy colabora con varios periódicos, pero no se autodenomina periodista.

Tratamiento de información

Cabrera denomina al periodismo como una caja de herramientas que permite tratar la información, que Riveiro considera «información en bruto», y que es lo que a menudo se confunde con el periodismo ciudadano: una persona que sube un vídeo a redes sociales o difunde algo. “Muchas veces se confunde el hecho de publicar algo, por muy relevante o necesario que sea, con el periodismo”, manifiesta Aitor, que encuentra que el periodismo es y debe ser mucho más exigente que la difusión ciudadana.

Afirma también que el periodismo no es solo difundir información, sino educar y contextualizar. Lo contrario sería una acepción más propia del periodismo ubicuo, donde los ciudadanos pueden difundir contenido, sobre el que los periodistas se pueden apoyar. Vargas Martín afirma que el periodismo ubicuo ha añadido una labor de «desmentir» al oficio periodístico y que no cuenta con las bases deontológicas necesarias.

Aitor Riveiro sobre lo que es periodismo y no

Toda información publicada puede resultar útil para el periodista, a pesar del riesgo de un aumento de noticias falsas. Es por tanto necesario entender que una información está «en bruto», mientras que el periodismo son las herramientas de tratamiento de dicha información que permiten su comprensión al completo.

La voz de los ciudadanos especialistas

Jairo define como periodista aquél que puede informar de lo que es necesario, aunque a priori no tenga conocimientos de algo: «se preocupa y tiene en su mano las herramientas para conocer algo que desconoce y transmitirlo a los demás».

Esta cualidad se puede encontrar en muchas personas, no solo aquellas con el título. Negarlo sería acotar aún más una profesión de por sí restringida, comparada con la cantidad de periodistas licenciados y aquellos que finalmente ejercen, y vetando la entrada a futuros grandes profesionales.

Vargas Martín añade que el oficio está cada vez más focalizado en nichos, lo que permite que gente sin el grado de Periodismo pero con buenas capacidades de comunicación tengan un papel divulgativo importante, como es el caso de personas epidemiólogas o trabajadores de la salud pública en estos momentos.

En redes sociales, el fenómeno continúa. Las plataformas como TikTok muestran profesionales de todos los ámbitos elaborando vídeos divulgativos sobre aquello que mejor conocen. De esta forma, pueden también llegar a un público más amplio, especialmente a los jóvenes.

Esta pluralidad de voces no hace más que ayudar a difundir información necesaria desde fuentes fiables en formatos atractivos. La cuestión no es que los periodistas deban ser forzados a integrarse en estas plataformas, pero no deberían subestimar a los ciudadanos que intentan poner su granito de arena, ya sea como redactores establecidos en medios dedicados al periodismo ciudadano, o desde las redes sociales.

Periodismo: adaptarse o extinguirse

Riveiro afirma que, cuando él empezó haciendo periodismo digital en El País en 2003, el periodismo ciudadano ya era una realidad. Vargas Martín establece que este lleva algo más de dos décadas vigente y sitúa su origen, como muchos, en los años noventa, con la llegada del Internet y como evolución del periodismo cívico. Esto podría considerarse así, aunque quizá no sería del todo correcto. Es innegable que los avances tecnológicos implican una mayor involucración ciudadana, pero no debemos olvidar que el periodismo, en sus orígenes, fue ciudadano. Existía mucho antes que el grado universitario o la profesión como la conocemos hoy en día.

El periodista no puede estar en todas partes. A veces, en lo que tarda en recibir una noticia y cubrirla en el lugar de los hechos, ya ha ocurrido el hecho principal. Por ello, los ciudadanos pueden ser un cabo perfecto para recabar información. Por otro lado, los ciudadanos independientes tienen una mayor libertad para encontrar las voces menos escuchadas y hacerlas oír. Igualar periodismo ciudadano a la proliferación de fake news es irracional. Las noticias falsas existen incluso en los medios de comunicación más asentados y son un riesgo al que el periodismo llevan enfrentándose desde hace siglos.

Es necesario recordar que el periodismo no es una profesión que pertenezca a unos pocos. No hablamos de despotismo ilustrado: no se puede concebir el periodismo para el ciudadano sin el ciudadano. Las tecnologías continuarán evolucionando y son los periodistas los que deben adaptarse.

En una profesión constantemente amenazada por verdaderos peligros, que pueden arriesgar la propia vida de sus trabajadores, es inútil sentirse amenazado por un cambio que fomenta la ciberdemocracia, donde la información es de todos y para todos. La divulgación del rigor periodístico solo puede aportar conocimiento y calidad de vida, pues permite discernir lo cierto de lo incierto. Elena Cabrera afirma que «el verdadero riesgo es la gente que no quiere estar informada».

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2 comments

José María García de Madariaga Miranda 27 abril 2021 at 08:59

Muy buen relato, análisis y recursos.

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Sofía Kofoed Alonso 27 abril 2021 at 10:34

¡Muchas gracias!

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