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La libertad de expresión no es lo mismo para todos

REPORTAJE | Las restricciones a la libertad de expresión van más allá del ámbito legal. Hay ocasiones el propio entorno social presiona al individuo para decir o no decir algo. En los últimos años España ha estado viviendo un proceso de polarización ideológica. La raíz se encuentra en el fin del bipartidismo. El cual fue causado principalmente por el auge de los partidos Unidas Podemos, Vox y Ciudadanos. Este nuevo panorama político ha sacado a la luz dilemas morales a los que antes la opinión pública no daba tanta importancia. Además, ciertos valores y principios que no eran defendidos tan fervientemente entre los políticos.

“Lárguese, que es lo que queremos muchos españoles” animaba Rocío Monasterio, candidata de Vox a la presidencia de la Comunidad de Madrid. El representante de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, abandonó poco después el estudio de Cadena SER en el que se grababa el debate electoral para la presidencia de la capital. Iglesias dejaba el encuentro después de que Monasterio declarase condenar toda violencia, pero pusiese en duda una reciente amenaza de muerte que él había recibido. Le llegó por correo y también ina dirigida a sus familiares y otros políticos de los partidos gobernantes. “Los españoles ya no se creen nada de este gobierno” defendía la candidata de Vox.

El resto de los candidatos presentes continuaron debatiendo hasta el descanso. Sin embargo, más adelante, Ángel Gabilondo y Mónica García compartieron su deseo de abandonar el lugar. Pertencen al PSOE y a Más Madrid respectivamente. Edmundo Bal, candidato de Ciudadanos, trataba de convencerles para que se quedasen. Mantenía con impotencia “hemos ganado la democracia en España sin levantarnos de esta silla, la hemos ganado consiguiendo acuerdos, rechazando el odio”. Sus esfuerzos fueron en vano y el debate finalizó prematuramente. Gabilondo y Mónica García consideraron que la declaración de Monasterio era opuesta a los valores básicos democráticos. Justificaron su abandono indicando que aquel no era un entorno apto para un debate electoral.

Momento en el que el candidato de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, abandona el plató de Cadena SER

Menos libertad de expresión

Esta escena es quizá uno de los ejemplos más notorios de la tendencia política actual. Nunca antes, en la democracia española, han existido formaciones políticas de éxito tan alejadas del centro ideológico general. En el caso de Unidas Podemos hacia la izquierda y en el de Vox hacia la derecha. Ambos suman millones de votos, y esta distancia ideológica está provocando situaciones de plena incomprensión. Las cuales no pocas veces desembocan en odio. Las encuestas demuestran que cada vez más españoles consideran que ciertos partidos políticos no deberían tener cabida en la democracia. Es decir, que no deberían tener derecho expresar sus ideas y querer llevarlas al gobierno.

Es una demostración clara de que cada vez es más común entre los ciudadanos pensar que los parámetros de la libertad de expresión deberían ser más reducidos. Más que los que ya establece la constitución de 1978. Miembros de Podemos, incluido Iglesias, han declarado en numerosas ocasiones que Vox no es una opción tolerable en una democracia. Por su parte el partido de derechas establece en su propio programa la ilegalización de los partidos independentistas. Ambas formaciones no solo no están de acuerdo con ciertas ideas, sino que además consideran que no deberían estar amparadas por la ley, algo que rara vez sucedía en los tiempos en los que eran solo el Partido Popular y el PSOE los que se repartían los votos.

Fascismo y comunismo

Hoy es más habitual que el adversario político sea tachado de hacer apología de la violencia y de ser opuesto a los principios básicos democráticos. Es común comparar erróneamente las acciones del rival con ideologías totalitarias del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX la primera mitad del siglo veinte, concretamente el comunismo y el fascismo. Estas dos son ideologías que buscan el control total o casi completo de la economía y la opinión pública por parte del estado y que a lo largo de la historia han tendido a llevarse a cabo por medio de la violencia. El error objetivo llega cuando un pensamiento opuesto al que un partido tiene es denominado fascista o comunista por el simple hecho de no ser compatible con sus ideas. Es por ejemplo imposible que el aborto sea legal e ilegal a la vez o que se suba y se baje el impuesto de sociedades a la vez.

El día 28 de abril, la cuenta oficial de Vox subió una historia a Instagram en la que Rocío Monasterio mostraba en un mitin su pasaporte cubano, país que ha llevado a cabo históricamente una política comunista, mientras indicaba que prefería el pasaporte español. Es mismo día, el partido verde publicó tres fotografías en esta red social con un texto en el centro en el que se lee “la izquierda es violencia”. La cuenta oficial de Unidas Podemos subía el día ocho del mismo mes una publicación en la que Pablo Iglesias describía a la formación de Monasterio como una opción “no respetable”. A su vez, uno de los spots publicitarios del partido de izquierdas en la actual campaña da al votante a elegir entre “la derecha o la democracia”.

Vídeo del canal oficial de YouTube de Vox en el que la izquierda es descrita como «violenta» y de «parar el asalto comunista de Madrid».
Vídeo del canal de YouTube de Unidas Podemos en el que Pablo Iglesias define a Vox como «una opción no respetable» y lo describe como «fascista».

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