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Irán en el punto de mira por la ausencia de libertad de expresión

OPINIÓN| Irán, que ocupa la séptima posición en los países con menos libertad de prensa, está de nuevo en el punto de mira debido a sus muestras de ausencia de libertad de expresión. Los primeros países de este informe publicado por el Comité para la Protección de los Periodistas son: Turkmenistán (3º), Corea del Norte (2º) y Eritrea (1º).

El periodista iraní Rouhollah Zam ha sido ejecutado en la horca, por orden de las autoridades del país islámico, cuatro días después de ser condenado. ¿El motivo? No comulgar con las ideas del líder supremo de Irán, que no sale del punto de mira por la ausencia de libertad de expresión y prensa.

En el año 2009, se llevaron a cabo las elecciones presidenciales en el país de Oriente Próximo, en las que saldría reelecto Mahmud Ahmadineyad. Tras ellas se produjeron una serie de protestas en las calles de diferentes ciudades iraníes contra un presunto fraude electoral. Dichas protestas, después de la intervención del grupo paramilitar Basiŷ, se saldaron con veinte fallecidos.

Por aquel entonces Zam ya se manifestaba contrario al gobierno de Ahmadineyad, incluso fue encarcelado hasta su huida a Francia.

Años después, en diciembre de 2017, parte del pueblo iraní comenzó a protestar por la subida repentina del precio de los alimentos. Luego pasó a ser también una protesta en contra de la clase dominante, incluido el líder supremo, el ayatolá Ali Kahmenei.

Zam, que en el año 2015 había creado el sitio web AmadNews y tiempo más tarde había abierto un canal en Telegram. Se dedicó a publicar en esos medios los horarios de las protestas e informaciones que dejaban en ridículo a los políticos del gobierno. También difundió vídeos de las protestas y facilitó algunos detalles sobre la organización de las movilizaciones.

El gobierno de Irán denuncio falsamente a la aplicación de Telegram que el periodista estaba incitando al odio; el canal se cerró, pero Zam abrió otro y continuó con su cometido.

El 14 de octubre de 2019 las fuerzas armadas iraníes arrestan a Zam. Ellas mimas publicaron este hecho en el mencionado canal de Telegram, dejando claro así que ellos pasaban a administrarlo ahora.

Rouhollah Zam fue acusado de impulsar las protestas de diciembre de 2017 y condenado a muerte.

Otra vez Irán, lo ha vuelto a hacer, y es que ya queda poca defensa posible. Son continuos y numerosos los golpes de este país asiático a la libertad de expresión.

Se trata de algo casi inherente en el ser humano, algo que, se podría decir, le viene dado de forma natural. Algo que permite a toda persona decir lo que piensa, en lo que cree, cuál es su punto de vista del mundo.

Según datos de Amnistía Internacional, solo el año de 2019 las fuerzas de seguridad iraníes mataron a más de 300 personas en los actos de sofocar diversas protestas. Se detuvo a participantes aleatoriamente y después los torturaron y se cerró el servicio de Internet para que no se compartieran imágenes de las protestas. Estas cifras incluyen niños.

Se detuvieron a casi 200 personas que defendían la libertad de expresión y derechos humanos, condenándolas a latigazos o cárcel.

Latigazos, horca, torturas. Palabras que nos retrotraen a años, incluso a siglos pasados, pero que ya casi en 2021 forman parte de la represión de un país donde es legal ejecutar a alguien por el hecho de ser ateo.

En este año tan fatídico marcado por la pandemia, la noticia de la ejecución en la horca de un periodista, debido a no estar de acuerdo con la política económica, social o humanitaria de un país nos llena de horror. Además, con el agravante que conlleva la cobardía de hacerlo deprisa y corriendo para intentar que no se forme revuelo en la comunidad internacional.

Una muestra más de las estrategias vomitivas, inhumanas, brutales y descabelladas del gobierno de la República Islámica de Irán para infundir miedo, temor y represión en la ciudadanía.

Podemos encontrar pocos hechos tan deplorables como es el de quitar a alguien el derecho a vivir, a opinar, a informar y a tener un pensamiento crítico.

El ciudadano tiene derecho y debe estar informado de cuáles son las actuaciones de su gobierno, tiene derecho a saber que este persigue a las minorías sexuales, que no permite la libertad religiosa.

Derecho a saber que su gobierno, ya en el siglo XXI permite las lapidaciones y mantiene en prisión a numerosas personas que velan por todas y cada una de las libertades que una persona ha de poseer.

Esto, sin libertad de expresión y sin libertad de información no es posible. Sin periodistas, sin periodismo, sin medios de comunicación a los que se les permita ejercer con su trabajo no se puede cumplir.

Esta muerte es una ejecución, un asesinato. Y está motivado por la rabia de un gobierno que te considera enemigo si crees que puedes tener libertad, si no lo sigues como sigue un rebaño de ovejas a su pastor. Un país que continuamente está en el punto de mira por la ausencia de libertad de expresión.

Este acontecimiento deja herido a un país, a la profesión periodística, a los derechos y libertades.

“La libertad de expresión es la matriz, la condición indispensable de casi cualquier otra forma de libertad”.

Benjamín Cardozo.

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