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Burbujas

Internet y radicalización, ¿van de la mano?

REPORTAJE SUBSANADO | La sociedad en la que vivimos se define, por lo general, como moderna y tolerante. Sin embargo, en los últimos años se ha producido una creciente polarización y radicalización de ideologías alrededor del mundo. Un factor que podría explicar esta situación sería la presencia, cada vez mayor, de Internet en nuestro día a día.

Para empezar, hay una importante diferencia entre los medios tradicionales y los digitales que muchas veces pasamos por alto. Y es que los primeros no conocían al espectador que estaba escuchando ese programa de radio, de televisión, o leyendo esa noticia en el periódico. Esto lo que hacía era, probablemente sin saberlo, evitar el famoso sesgo de confirmación. A lo que actualmente la sociedad ya está acostumbrada, aunque no le ponga nombre. Esto significa que el internauta recibe la información que quiere recibir. Entonces, solo recibimos, o más bien solo aceptamos, datos que nos interesan o que son acordes a lo que pensamos o queremos. Nuestro cerebro es el que prefiere aceptar esa información porque evita que salgamos de nuestra zona de confort y reafirma nuestro discurso. 

En la era que vivimos, en la era de Internet, los usuarios no somos quienes decidimos qué ver, o qué leer porque sea lo que nos gusta. Por ejemplo, antes podríamos escoger si leer un periódico de derechas o de izquierdas, pero ahora la información nos llega sin más. Es directamente la red la que nos muestra lo que sabe nuestro subconsciente prefiere leer.

Esto lo que hace es crear una burbuja alrededor de nosotros los cibernautas, en la cual todo el mundo tiene nuestros mismos ideales, o toda la información es de nuestro agrado. Básicamente, porque si nos ponen algo que no nos gusta, saldremos de esa red social o de esa página web, y eso no es lo que les interesa. 

Esto provoca un efecto llamativo, y es que si dentro de nuestra burbuja vemos un comentario o una información contraria a lo que estamos acostumbrados, nos va a desagradar más y vamos a aferrarnos todavía más a aquello que pensamos o idealizamos. Por ejemplo, si una persona es de izquierdas y las publicaciones que suele ver en su Twitter siguen esa línea ideológica, y de repente aparece un tweet apoyando a la extrema derecha, nos causará mayor rechazo que si estuviéramos más habituados a ver ese tipo de opiniones o publicaciones. ¿El resultado? esa persona está todavía más convencida de sus ideas, llegando a negar todo lo que vaya en contra de ellas aunque fuera cierto.

El filtro burbuja
Eli Pariser, fundador del concepto "filtro burbuja".
Eli Pariser, fundador del concepto filtro burbuja.

El sesgo de confirmación engloba otro término muy importante que definió Eli Pariser: el filtro burbuja. Es el nombre que recibe esa zona de confort que ya hemos explicado. En la que el usuario se encuentra a gusto pero no ha escogido, sino que Internet lo ha puesto ahí. La consecuencia es que ese usuario -y ese usuario somos todos- no pueda elegir, porque “por culpa” de ese filtro no podemos ver todas las opciones que hay. Una metáfora podrían ser las anteojeras que se les colocan en los ojos a los caballos, estas le tapan la visibilidad lateral, de manera que solo pueden mirar hacia el frente. Pues al usuario también le hacen mirar hacia donde Internet y sus algoritmos quieren que mire.

«Un mundo construido a partir de lo familiar es el mundo en el que no hay nada que aprender«.

– Eli Pariser.

La atención personalizada

Un ejemplo de filtro burbuja sería la atención personalizada. Algo a lo que todos estamos habituados. Por ejemplo, si vemos en Netflix The Walking Dead, una serie apocalíptica de zombies. La plataforma (sus cookies) entiende que nos gustan ese tipo de series y comienza a recomendarnos más de la misma temática. Esta atención personalizada, o cookies, no tendrían por qué ser un problema, porque al fin y al cabo nos muestran lo que nos gusta, pero nuevamente no deja que escojamos otra cosa. Porque cuando entramos a una página, nos obliga a aceptar esas cookies o no podremos navegar por ella. 

Infoxicados
Alfons Cornellá, creador del término infoxicación.
Alfons Cornellá, creador del término infoxicación.

Fue Alfons Cornellá quien introdujo el término de “infoxicación”, que como se podría sobreentender por el nombre es la intoxicación de información. Una buena definición para el mundo en el que vivimos. 

Este exceso de información con la que convivimos, hace que se sature nuestra propia capacidad para procesar y analizar la magnitud informativa. Hay quien califica esta situación como la enfermedad del siglo XXI. 

Internet nos ofrece una enorme cantidad de información, que ni hemos solicitado ni nos es útil. Lo que esto nos provoca es un intenso agobio, desconcierto e incluso se podría decir parálisis por un volumen ingente de información. 

Fake news

Todo esto tiene, entre otros, un efecto destacable: la propagación de las fake news. El sesgo de confirmación hace que nos creamos cualquier información porque nos conviene  (ideológicamente) aunque no sea real. Nos quedamos entonces en una posición que nos resulta cómoda y no miramos más allá de lo que Internet nos deja. Nos aferramos a una opinión y no admitimos que nos la refuten. O cuando vemos una refutación, nos volvemos más reaccionarios contra ellas.

Esto divide a la sociedad por pensamientos e ideologías. Porque, los algoritmos, el sesgo de confirmación y el filtro burbuja van más allá de que nos gusten más las series apocalípticas que las románticas, sino que juega con nuestras mentes hasta el punto de rechazar a todo aquello que sea contrario. Este podría ser un motivo, por ejemplo, de la situación política a nivel global es cada vez más extremista, y por consecuencia, más tensa. Es por esto por lo que las tensiones están estallando y en un mismo país se puede romper la sociedad en dos ideologías más separadas que nunca. 

¿Podemos cambiar esto?

Esto no parece que vaya a cambiar, pero tampoco tendría porqué. Si nosotros los usuarios de Internet, somos conscientes de que aquello que nos ofrece la red está adecuado a nosotros, pero que no es la única opción. Nuestras posibilidades de decisiones no son blancas o negras como pueda parecer en ocasiones, sino que hay toda una gama de grises por medio. Al final, el nivel de manipulación que recibamos depende de lo conscientes que seamos de ello.

 

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