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El papel de los medios ante la vacunación COVID: ¿alarmismo o información objetiva?

REPORTAJE | El pasado 27 de diciembre, a cuatro días de finalizar un año tan agitado como fue 2020, dio comienzo en España la campaña de vacunación contra el coronavirus SARS-CoV 2 —más conocido por el nombre de la enfermedad: COVID-19—. Los ancianos que viven en residencias de mayores fueron los primeros en recibir una vacuna elaborada por la farmacéutica norteamericana Pfizer, pionera en recibir la autorización de la Unión Europea. Posteriormente se sumaron otros sueros desarrollados por Moderna, AstraZeneca y Janssen, los únicos aprobados por la Agencia Europea del Medicamento (EMA) hasta la fecha.

Aunque todas persiguen el objetivo común de frenar la expansión de la COVID, poseen importantes diferencias en su funcionamiento. Las vacunas de Pfizer y Moderna trabajan mediante la fórmula del “ARN mensajero” (ARNm), que estimula al cuerpo para la producción de una proteína presente en el virus y, posteriormente, genera anticuerpos para combatirla. Por el contrario, AstraZeneca y Janssen siguen el método tradicional de los vectores virales, conteniendo información genética de otro virus que, igualmente, provoca una respuesta inmunitaria en el organismo. En ningún caso se inyecta el propio coronavirus en el cuerpo y no existe posibilidad de infección ni contagio a causa de la vacuna.

Un proceso en tiempo récord

Desde que científicos y laboratorios de todo el mundo comenzaron a trabajar en el antídoto contra la COVID, prácticamente al inicio de la pandemia, son muchos los que han desconfiado del proceso. Meses antes de que viera la luz la primera patente, se recalcaba en tertulias televisivas que el período de desarrollo mínimo de una vacuna se sitúa en torno a los 10 años, tiempo que se tarda en realizar todos los ensayos clínicos convenientes y comprobar posibles efectos adversos. Esta vez, sin embargo, se han recorrido todas las fases en apenas 8 meses. ¿Se han acortado los tiempos sin tener en cuenta el riesgo que esto supone? No. La realidad es otra, como recuerda Sergio Ferrer, microbiólogo y redactor de ElDiario.es especializado en ciencia y salud: tecnologías como el ARN mensajero llevaban ya “mucho tiempo probándose”, desde décadas como las de 1980 y 1990, a lo que hay que sumar el esfuerzo motivado por “una situación de urgencia” como esta pandemia.

Sergio Ferrer (ElDiario.es): «Las vacunas COVID usan tecnologías que llevaban mucho tiempo probándose». Fuente: Iván Ruiz

Conforme avanzaban las primeras semanas de vacunación, también aumentaba proporcionalmente la confianza de la población. Las personas que recibían la dosis no sufrían efectos secundarios o estos eran leves y se limitaban a los ya conocidos —febrícula o ligero dolor de cabeza—. En paralelo, entraban en juego nuevas vacunas como Moderna o AstraZeneca. Y es esta última la que, de alguna forma, desestabilizó el progreso llevado hasta ese momento por la aparición de varios casos inesperados de trombosis. El 15 de marzo, y siguiendo la estela dibujada por otros países europeos, España decidió dejar de administrarla durante dos semanas por precaución, aunque finalmente se retomó antes de lo previsto.

Vacunas y cuarto poder

¿Cómo realizar una cobertura informativa de estos sucesos sin caer en el alarmismo? Ferrer lo tiene claro: “insistir en que los beneficios superan a los riesgos y que las vacunas salvan vidas”, tal y como está haciendo la propia EMA. El periodista no cree que los medios de comunicación sean los causantes de la desconfianza entre la población por estos hechos. Sin embargo, sí reconoce que, “sobre todo al principio”, se pudo crear cierta alarma por publicar noticias de gran impacto por su rareza, como fallecimientos de personas jóvenes y sanas. A su juicio, “los medios tienen un papel muy importante a la hora de disminuir este alarmismo”, en lugar de contribuir a acrecentarlo.

Sergio Ferrer (ElDiario.es): «Si insistes en casos aislados, creas una preocupación excesiva». Fuente: Iván Ruiz

En términos distintos a los de Ferrer se expresa Pilar Pérez, jefa de la sección de salud de El Mundo, que se atreve a “entonar el mea culpa” en nombre del medio por si se ha “fallado en algo” difundiendo estas informaciones. Pérez opina que los periodistas deben ceder su voz a verdaderos especialistas —en este caso científicos o doctores— y dejar que sean ellos quienes narren lo ocurrido con el máximo rigor posible. “Cuando se informa de un efecto adverso, por ejemplo, no debe ser el medio quien lo diga, sino una fuente consistente”, asegura.

¿Todo vale por ganar visitas?

Si realmente los medios han contribuido a que la población desconfíe de las vacunas contra la COVID, será sin duda por la influencia del clickbait y la búsqueda constante de aumentar el número de lectores en los portales web de los medios. Laura Albor, redactora de ABC especializada en periodismo de datos, coincide con esta postura. Admite que, aunque “cabeceras de referencia” como este diario procuran filtrar todo lo posible, “ningún medio escapa a la presión de las visitas”, por lo que algunas de esas noticias de carácter sensacionalista acaban siendo publicadas. Además, concuerda con Pilar Pérez en que las informaciones que vean la luz deben estar corroboradas por “fuentes competentes” y abstenerse de tratar casos que estén siendo aún estudiados, sin evidencias científicas.

Al margen de las consecuencias en la sociedad de estas prácticas, conviene preguntarse también de qué manera afectan a la reputación de los medios. Es posible que la publicación de una noticia alarmista o no del todo objetiva se traduzca en una mayor desconfianza hacia esa entidad. Y al contrario, para recuperar la confianza perdida, el medio deberá hacer un esfuerzo por ofrecer una información “contrastada y validada por la comunidad médica”, como recuerda Pérez. En cambio, Sergio Ferrer no cree que esto tenga una gran influencia en la visión del lector porque, para él, ya existía previamente un clima de enorme polarización —principalmente en lo político, pero extendido a otros aspectos como la afinidad hacia un medio de comunicación concreto—, algo exacerbado aún más si cabe por la pandemia. “Si tú consideras que un medio dice la verdad, lo vas a seguir pensando, y si consideras que está mintiendo, lo vas a seguir pensando también”, concluye Ferrer.

Sergio Ferrer (ElDiario.es): «La pandemia ha exacerbado un clima político ya muy polarizado». Fuente: Iván Ruiz

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