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Alfabetización Multimedia

Desinformación

OPINIÓN | Decían los escolásticos «inicium doctrinae sit consideratio nominis», es decir, antes de iniciar una exposición vamos a definir los términos. La desinformación es la negación u ocultamiento premeditado de la verdad objetiva de las cosas, o su suplantación por bulos y tergiversaciones. Juan Manuel de Prada dijo en un coloquio sobre periodismo que «cada vez los medios de comunicación dependen más del poder político y económico lo que los hace menos fuertes».

La alfabetización digital es la capacidad de una persona para realizar diferentes tareas en un ambiente digital. El consumo de medios de comunicación en España y en el resto del mundo es inmenso. Cualquier persona con entrada a internet puede acceder a un sinfín de noticias. Ignorantes y manipulables difícilmente disciernen qué es información y qué es opinión. Por tanto, es indispensable fomentar un análisis metódico y pormenorizado de la verdad vagamente estudiada. Y también promover competencias audiovisuales que fomenten una visión crítica de los medios.

Además, la alfabetización digital procura soslayar cualquier tipo exclusión en esta cultura digital que produce nuevas formas de educación, trabajo y comunicación. La Comisión Europea en materia de alfabetización digital señala que en virtud de impulsar la alfabetización tecnológica y nuevos conocimientos, emprendió diversas iniciativas en materia de comunicación educativa. Sin embargo, «han terminado fracasando por la propia lógica constituyente de esta política cultural, basada en el recorte presupuestario y el adelgazamiento del sistema público». La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura es tajante en su recomendación a los países en cuanto a priorizar la alfabetización digital en todos los niveles de la sociedad. Y apunta que la definición tradicional de alfabetización debe ampliarse para incluir «conocimientos de computación y capacidad de adquirir información».

Imaginemos por un momento que en la España de hoy todos los medios de comunicación, desde la prensa hasta la radio, fueran propiedad del Gobierno. ¿No estaríamos a merced de la información sesgada que por motivos partidistas quisiera trasmitirnos el déspota de turno? Es importantísimo, en una sociedad como la nuestra, la existencia de medios de comunicación independientes. Que no estén comprometidos con ningún político ni con ninguna ideología particular, por mucho que la profese en su vida privada. Nuestros gobernantes no pueden combatir la desinformación, sólo pueden censurar.

A todo esto hay que añadir: la censura en sí misma no es mala, pero se debe entender al estilo platónico como medio de proteger la verdad y a los débiles contra la mentira y los poderosos. Y no como «Gran Hermano» de Orwell como un medio de control de burócratas poderosos e indecentes sobre el débil, para lo cual no escatiman el recurso a la mentira y el rechazo más luciferino de la verdad. 

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